martes, 23 de junio de 2009

Cortázar, el eterno adolescente


Un articulo bellisimo que encontré en la Tercera

Papeles inesperados ha vuelto a poner el nombre de Julio Cortázar en el mesón de novedades de las librerías. La nueva entrega de textos inéditos, que Aurora Bernárdez, su primera mujer, guardaba celosamente en su casa de Grenelle, obliga a revisitar la vida del escritor y preguntarse, a 25 años de su muerte, por su obra, su visión política, sus romances y todo lo que conforma su legado.

Por Marcelo Simonetti

La tos de una señora alemana en medio de un concierto. Julio Cortázar está en su casa en París y oye la grabación que France Musiqueemite, cerca del mediodía. Es el Concierto en Re Menor de Beethoven que, en 1947, entre las ruinas de una Alemania derrotada, dirige Wilhelm Furtwängler.El violín del judío Yehudi Menuhin irrumpe sobrecogedor cuando el arco surca sus cuerdas. Cortázar escucha esa grabación 30 años después y no repara ni en el talento de Beethoven ni el de Furtwängler ni en el de Menuhin, sino en un "golpe seco y claro de tos" que aparece sólo una vez en el segundo movimiento. Una pequeña y efímera tos anónima que, durante 30 años, había dormido en los archivos de la radio. Cortázar se maravilla de ese descubrimiento y lucubra sobre la dueña de esa tos, sobre el lugar dónde se sentó esa noche, sobre por qué esa tos hace nacer las propias líneas que él escribe.

El texto aparece en Papeles Inesperados, la última entrega de inéditos de Julio Cortázar que prepararon su primera mujer, albacea y heredera, Aurora Bernárdez y Carlos Álvarez Garriga. Entre cuentos, fragmentos de otras obras, prólogos, crónicas, auto-entrevistas y poemas, La tos de una señora alemana es un guiño al mejor Cortázar, aquel que miraba el mundo con la frescura de la adolescencia, aunque tuviera 30, 40 ó 50 años. Dicho esto, habrá que convenir que, más allá de las santificaciones, hay momentos dentro de su obra en que el autor de Rayuela alcanza el cénit y otros en los que marcha sin demasiado brillo, como un soldado más dentro de un gran pelotón.

En ese sentido, el juicio que hace su compatriota, Ricardo Piglia, resulta revelador: "La conciencia estética de Cortázar, la imagen del escritor que construye su obra en la soledad y el aislamiento se fracturó, podría decirse, con el éxito de Rayuela (1963). Por un lado Cortázar se plegó al mercado y a sus ritos, y en un sentido después de Todos los fuegos el fuego (1966) ya no escribió más, se dedicó exclusivamente a repetir sus viejos clichés y a responder a las demandas estereotipadas de su público".

La cita de Piglia obliga a plantearse quién fue realmente Cortázar dentro de la literatura latinoamericana. ¿El más grande narrador argentino? ¿Un autor sobrevalorado? Si Borges ha pasado a la historia como el escritor más citado y menos leído, es de suponer que, en vista del éxito comercial de Rayuela, Cortázar se ubica en las antípodas del autor de El aleph, en el sentido de que ningún otro autor argentino ha sido más leído que él.

RETRATOS Y AUTORRETRATO
El mismo hace un autorretrato en una entrevista a El País que dio dos años antes de su muerte. "Yo era un joven pequeño burgués europeizante, a quien le molestó profundamente la ola de peronismo de la época, que consideraba de una profunda vulgaridad". Cortázar había crecido en medio de libros y mujeres (su padre abandonó el hogar tempranamente, enamorado de una chica joven); había obtenido el título de maestro de primaria y de enseñanza media; había vivido de hacer clases en Chivilcoy y Bolívar, dos pueblos del Buenos Aires profundo, y amaba la literatura francesa por encima de todas las cosas. Era un muchacho refinado, culto, melómano, un esteta que no toleró que las protestas vociferadas en altavoz no lo dejaran escuchar a su querido Bartok.

Por eso, cuando el gobierno francés le otorgó una beca para estudiar en París, no lo dudó. Tomó sus pocas cosas y se fue. Nunca más volvería a Argentina. O no para quedarse.

En Francia edita su primer libro de cuentos, Bestiario (1951) y la condición de escritor comienza a calzarle a la medida. Sin embargo, de no mediar el ojo avizor del director literario de Sudamericana, Francisco Porrúa, probablemente el genio de Cortázar hubiera permanecido oculto, pues él decidió publicar Las armas secretas (1959) a pesar de que los ejemplares de Bestiario dormían en la bodega de la editorial.

Hay consenso en señalar esos dos volúmenes de cuentos, sumados a Final del juego (1956), como parte del mejor Cortázar. El perseguidor, Carta a una señorita en París o Continuidad de los parques son piezas antológicas del cuento latinoamericano. Cortázar narra historias que habitan un territorio incierto de la realidad. De alguna manera, se asoma al mundo por ventanas nuevas y sus textos tienen la frescura de la adolescencia, porque reinventa el lenguaje, porque no hay certezas en sus historias. Nada es definitivo.

Con Rayuela extrema su búsqueda. Y aunque los lectores de su generación no se arrodillan frente a la novela, los más jóvenes la idolatran. El éxito de Cortázar llega de la mano de las nuevas generaciones, porque, sin quererlo, es un escritor de 50 años que sigue teniendo la mirada juvenil y sus textos brillan como puede brillar la mirada de una muchacha de 23 años.

EL INFLUJO DE CUBA
Una invitación a ser parte del jurado del Premio Casa de las Américas cambiará su vida. La Revolución Cubana avanza triunfante en La Habana y sus alrededores. Cortázar ya había estado una vez en la isla y sus ideas respecto del socialismo comenzaban a tomar cuerpo. En 1963 vivirá un mes entre los cubanos y terminará convertido a la Revolución. Ni siquiera el punto de vista de su mujer, Aurora Bernárdez, apolítica y enemiga de la literatura militante, lo hará ver los matices de un proceso complejo.

Cuenta Osvaldo Soriano que "una vez, recién llegado de Cuba, fui a su casa. Recuerdo que le dije que había visto cosas jodidas. Pero Julio insistía en que no había que darles pasto a las fieras".

En pocos años, Cortázar transforma su imagen de escritor. Abandona al esteta y se pone el traje del escritor comprometido que obliga a tener certezas, a cambiar las preguntas por respuestas, a poner sus empeños en la lucha diaria contra el imperialismo, a trucar esa mirada adolescente por una militante. Y aquí hay un episodio anecdótico que es imposible pasar por alto. El nuevo Cortázar dejará su imagen clásica de púber (si se me permite la exageración), de lampiño eterno, gracias a un tratamiento hormonal recetado por médicos franceses. Así, el Cortázar comprometido parece otro con esa barba que jamás se quitará de la cara.

Mario Goloboff, en su biografía sobre el escritor, recoge un comentario que circulaba entre sus cercanos. "Se dice, también, que tal tratamiento le habría despertado un mayor interés por el género femenino; que aquel sería el responsable de una suerte de transformación del antiguo Cortázar, medido, casi ascético, en el exitoso seductor que algunos pretenden haber tratado hacia los 70".

Lo cierto es que cerca de los 60 años, Cortázar tendrá una carrera amorosa impresionante. Seguirá viendo, cuando el azar lo permite, a La Maga (la verdadera, Edith, con residencia en París). Su figura alargada cautivará a varias jovencitas, pero con dos establecerá relaciones intensas y estables. Una es Ugné Karvelis, lituana, encargada en Ediciones Gallimard de lenguas extranjeras. El primer encuentro será fulminante: "Aturdida por su tamaño, intimidada por ese aire de absoluto adolescente que me hizo bajar los ojos de vergüenza ante la idea de que era 22 años mayor que yo, balbuceé una vaga fórmula de cortesía y me escapé", recuerda Karvelis.

La huida de Ugné es transitoria. Vivirán juntos hasta mediados de 1978 y según el escritor cubano Miguel Barnet, "nadie sabe la medida en que Ugné es importante en la actitud de Julio hacia Cuba y después hacia Nicaragua, ni cómo Ugné se volcó y volcó a Julio hacia América".

Porque Cortázar en sus últimos años hizo de la defensa de América Latina el sentido de su vida. De hecho, cuando la revista Life lo entrevista y le pregunta sobre el futuro de la novela, él responde que le importa "tres pitos, lo único importante es el futuro del hombre". La paradoja resulta del hecho de que Cortázar asuma su condición de latinoamericano una vez instalado en París. Él se defiende diciendo que la distancia le permite otra mirada, no provinciana. José María Arguedas recoge el guante y lo corrige con ironía, explicándole que todos somos provincianos. Cortázar responde con dureza: "Existe una diferencia entre ser un provinciano como Lezama Lima, que precisamente sabe más de Ulises que la misma Penélope, y los provincianos de obediencia folklórica, para quienes la música de este mundo empieza y termina en las cinco notas de una quena".

La batalla que libró contra las dictaduras de derecha fue valiosísima. Poco importa que la haya dado, prioritariamente, desde los cafés parisinos o de su casa de Grenelle, matizado con algunas visitas a Chile, Argentina y Cuba. El exilio chileno, por ejemplo, recibió de manos de Cortázar los 950 dólares del Premio Médicis, otorgado en 1974 a El libro de Manuel, al mejor libro extranjero publicado en Francia. Lo lamentable es que en ese salto al escritor comprometido, al artista militante, el Cortázar adolescente quedó relegado y condenado a aparecer con cuentagotas en su obra posterior a Todos los fuegos el fuego.

Quién sabe si en sus últimos días, cuando Carol Dunlop, su último y gran amor, cuidaba de él en su lecho de enfermo, ese Cortázar luminoso y joven garabateó un par de textos para ganarle a la leucemia. Textos que quizá, el día de mañana, aparecerán tan sorpresivamente como estos Papeles Inesperados que ya adornan el mesón de novedades de las librerías.


miércoles, 20 de mayo de 2009

Continuidad de los parques

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestion de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirian color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.


Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subio los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oidos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.


Julio Cortazar

martes, 31 de marzo de 2009

Obesidad Infantil en Chile

Un problema país, IGNORADO.

Siempre que circulamos por cualquier parte nos encontramos con personas con algún tipo de sobrepeso, pero lo mas preocupante desde mi punto de vista es el sobrepeso, obesidad y mas que todo la obesidad mórbida en los niños.
En los últimos dos años la obesidad en niños de primer año básico ha aumentado de un 16 a un 20%.(es decir, de un curso de 40 niños, 8 son obesos) cifras alarmantes porque la obesidad infantil viene acompañado de diabetes, hipertensión y serios problemas cardiovasculares.

Al leer esto espero que nos preguntemos, ¿De quien es la culpa?, ¿Es acaso de los infantes? ¿Tal vez de los padres? ¿Se podría decir que; es una culpa compartida?, pero ¿por la despreocupación de los padres mayoritariamente?.

Un error muy común es premiar a los niños con golosinas, frituras y comidas con demasiadas calorías. "ya como te comportaste, te voy a comprar un paquete de papas fritas, incluido locales de comida rapida te voy a llevar comer una hamburguesa."

El segundo error es enviar a los pequeños con dinero, para comprar algún tipo de alimento para el receso, y los niños ¿que van a elegir? un paquete de papas fritas o una manzana, la respuesta es obvia, el niño acostumbrado ya, elegirá entre lo sano y lo sabroso, la comida chatarra. Esto es porque no se han seguido las iniciativas como "quiosco saludable" (puesto donde se venden solo comidas saludables y bajas en calorías) y ejercicio al aire libre.

Una mala costumbre es enviar a los niños con demasiada colación, lo importante s un buen desayuno ( que contenga cereales o pan , fruta y lácteos, Y en la hora de recreo una fruta y luego el almuerzo.

Otro punto, que va ligado a todo lo anterior; el sedentarismo, ahora con los vídeos juegos y el Internet, se reemplaza estos pasatiempos por actividades físicas al aire libre.

Las horas de educación física de los colegios no bastan para mantener a esos niños en un peso estándar y acorde a su estatura y edad. Estas horas se deben aumentar pero, utilizarlas completamente, acompañado de chequeos mensuales, que realmente sirvan y demuestren que se ha trabajado.

Impulsar actividades al aire libre es la clave de la reducción de obesidad infantil, junto a una adecuada alimentacion (balanceada) y orientación a los pequeños y padres.

La obesidad es la enfermedad del siglo XXI,
y desde nuestras casas debemos educar e instruir a nuestros hermanos, hijos y vecinos. Con el apoyo de los padres debemos revertir esta situación, por esto es tan importante publicar opiniones acerca del tema.

El Gordo feliz,es un mito a mi parecer si no he conocido a algún gordo que sea feliz con aquella condición.


Iniciativas Destacadas

  • El programa Lazy Town
  • Yoga en el Cerro
  • Almuerzos Junaeb
  • Estrategia Global contra la Obesidad, EGO en escuelas de Chile.
  • Educación Ambiental Proyecto Protege
Estos anteriores para la reducción de obesidad en Chile.


Que la comida nutra tu cuerpo, pero que no se convierta en un arma de doble filo.








sábado, 28 de marzo de 2009

Mi Cuento

La Duda

Un día cualquiera me dirigía hacia el metro, iba atrasado hacia la universidad, llevaba muchos libros en mi maletín, por lo que preferí ir a uno de los últimos vagones. Lo raro que en el metro no había tanta gente. Diviso un asiento vacío y me siento a leer, cuando entra una señora, por no decir; vieja, me mira muy feo, casi con odio y pienso; ¿qué le he hecho?, parece que le molesta que estudie para la prueba. El vagón avanza dos estaciones y la señora me sigue mirando, le dice a la señora del lado; esta juventud que ya no respeta como antes. Sin pensarlo, me puse de pie y la señora se sentó con una risa malvada y satisfecha por haber cumplido su objetivo.

Estamos llegando a la estación Pajaritos, cuando levanto la vista y veo que entra un sujeto que me llama la atención, desde mi posición no lo veo muy bien, prefiero acercarme, lo veo más de cerca y lo noto un tanto nervioso.


Hoy como siempre a la oficina, voy camino al metro, estoy un poco nervioso porque hoy se inicia un nuevo proyecto, el jefe esta de vacaciones y tenemos que organizar todo para la entrega de este nuevo proyecto, claro y el jefe descansando, no hallo la hora de ser mi propio jefe. Me subo en la estación Pajaritos, como ya es costumbre para mi, me dirijo atrás del vagón, extrañamente el metro esta casi vacío. Pero me doy cuenta que un sujeto se acerca.

Lo quedo mirando, cuando, él cruza una mirada conmigo, miro para cualquier parte intentando disimular. Sentí tanta vergüenza, pero a la vez me invadió una felicidad extraña.


Noto que un sujeto me observa, lo miro, él se da cuenta y se hace el tonto.

No le doy mayor importancia


Lo miro mejor y noto rasgos familiares casi conocidos, tenia la sensación de haberlo visto antes en alguna parte.


Este tipo tan extraño me observa de pies a cabeza, lo miro de reojo, y me rasco la oreja por el nerviosismo de esta situación.


Cada vez que lo veo me parece mas familiar, noto que él me observa con extrañeza, reconozco gestos conocidos.


Este tipo es raro me mira como si me fuera a asaltar, debo asumir que sentí miedo, lo miro de frente de nuevo y me percato que está viendo si tengo reloj.


Veo si tiene reloj, al ver que puedo abrir un canal de comunicación por medio del reloj, le pregunto la hora y él me contesta amigablemente.

Este sujeto me pregunta la hora, le contesto con una sonrisa para que no note mi temor, creo, que me pidió la hora para ver mejor mi reloj.

Vamos llegando a la estación Baquedano, se abren las puertas y la gente quiere salir, me empiezan a empujar, creo que estaba a tres o cuatro personas de distancia de él, cuando él me pregunta el nombre, le contesto, pero suena el timbre de cierre de puertas, más la locutora diciendo”; señores pasajeros Estación Baquedano lugar de combinación con línea Cinco”.

Lamentablemente cuando por fin me atreví a preguntarle su nombre, para ver si lo asociaba con algo, él me contesta, pero no alcancé a escuchar porque justo suena el timbre de cierre de puertas, me votaron lo libros; en ese momento se cruzó un señor que dice; ¿le ayudo? nos ponemos a conversar, trato de decirle que no puedo hablar con él y no se calla.

Este señor se va indignado, pero no me importa, me sentí mal solo algunos segundos

Veo al sujeto recogiendo unos libros y conversando con un señor, noto que trata de mirarme, le trato de gritar pero se cierran las puertas.

Este sujeto que tanto he observado, balbuceó algo que no pude descifrar, Me quede con la duda si el era mi Padre……

Estamos llegando a la estación Pajaritos, cuando levanto la vista y veo que entra un sujeto que me llama la atención……



Cuento ganador de Mención especial en el 5º interescolar de cuentos UNAB (2008)

A
gradecimientos a Josue Ábrigo quien me ayudó a escribir y a unir este cuento.

Un abrazo profe.


Pd: No podía comenzar este blog sin incluir a mi querido primer cuento.





Lee y conduce , No leas y seras conducido.